En los últimos años se ha incrementado los programas de alfabetización en nuestro continente, sin embargo según estadísticas de la UNESCO, más de 700 millones de personas con una edad superior a los 10 años son iletradas en el mundo y su totalidad esta casi concentrada en los países del “Tercer Mundo” (Alberto L. Merani, 2006). En estas cifras estamos inmersos los peruanos ya que según el último censo de población, la tasa de analfabetismo, que si bien disminuyó casi en un 50%, aún persiste en un 10.1% entre hombres y mujeres de 15 años y más de edad (MINEDU, 2000). Cabe aclarar que la mayor proporción está en el área rural y de mayor porcentaje en el género femenino que masculino. Este porcentaje refleja la situación alarmante del sistema educativo, en un país donde los gobernantes asignan lo mínimo al sector educación que resulta insuficiente frente al crecimiento demográfico; hecho que será de gravedad tanto para el presente como para el futuro de las nuevas generaciones y por tanto para el desarrollo del Perú.
Un segundo problema relacionado con lo anterior, de importancia latente, es el analfabetismo funcional, es decir, el hecho de que personas que saben leer y escribir no solo no leen, sino que cuando ocasionalmente lo hacen no comprenden lo que leen (Zapata Ponce, 2006). La comprensión lectora es considerada como una de las capacidades básicas del área de comunicación y por ende para el desarrollo personal y profesional, puesto que permite el acceso a mejores niveles de educación, trabajo y condiciones de vida. El problema se ve incrementado cada año con la deserción escolar de niños y niñas adolescentes que se ven obligados a dejar los estudios para ayudar a solventar gastos en el hogar. Al no haber terminado de desarrollar sus capacidades fundamentales son objetos de explotación y bajas remuneraciones.
El mundo globalizado, modernizado por la tecnologización exige el dominio de habilidades, actitudes, gusto por la lectura, escritura y la lógica para hacerle frente, comprenderle y no ser meros consumidores pasivos que ni siquiera leen y peor aún, no entienden un texto instructivo.
Resulta irónico pero este tipo de analfabetismo cobra cada día más adeptos entre los alfabetos. A este problema contribuyen los medios televisivos y publicitarios que nos atiborran de imágenes, siendo los más propensos los niños y niñas adolescentes a quienes les da pereza leer una obra literaria o una revista científica especializada, prefieren que se les cuente o verla en videos.
Si a los jóvenes se les da la oportunidad de leer un texto, éstos tienen dificultad para aprehender y relacionar lo leído con sus conocimientos previos; lo mismo sucede cuando tienen que responder preguntas de comprensión y dar opiniones acerca de lo leído. Muchas veces se ha escuchado de personas que son rechazadas en un empleo por no comprender adecuadamente alguna pregunta de la hoja de solicitud o también personas que leen una y otra vez un texto pequeño pero no saben el significado real del mismo.
Ante lo anterior surge la gran interrogante:
¿De qué manera podemos ayudar a aminorar el problema?
Debemos seguir incidiendo en crear el hábito lector en los estudiantes a fin de reducir tan alarmante situación.
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